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Tu y Tu Bebé

Crianza Positiva

Crédito
Grupo de Puericultura de la
Universidad de Antioquia
Boletín No. 121
Año XV (2010)

Puericultura es el arte de cuidar, de cultivar niños, es el arte de la crianza, la cual es la acción y efecto de criar, que es instruir, educar, acompañar, mostrar caminos, orientar, estimular y respaldar a niños, niñas y adolescentes.

Educación quiere decir, según UNESCO, aprender a ser, a conocer, a hacer y a vivir juntos, tanto en el presente como en el futuro. Por lo tanto, crianza es igual en sus propósitos fundamentales a socialización y a educación. La crianza, educación, socialización primaria ocurre en el escenario por excelencia, la familia; la secundaria, en el segundo escenario, la escuela. El tercer escenario de crianza es la sociedad.

El Grupo de Puericultura de la Universidad de Antioquia durante los últimos años ha construido un discurso de crianza llamado Crianza humanizada. Dado que toda crianza es empírica, es decir, basada en la experiencia, si la relación se hace sin que los cuidadores adultos tengan un norte claro sobre las prácticas de crianza, la crianza empírica se puede convertir en deshumanizada, esto es, no dirigida a la mejor humanización.

Si, por el contrario, la relación de crianza en su acompañamiento a niños, niñas y adolescentes se hace con base en prácticas que incluyan los elementos claves de un discurso como crianza humanizada, hay una enorme posibilidad de que esta sea exitosa. Se hará un paralelo entre estas dos posibilidades de crianza, alrededor de los constituyentes más importantes.

Gestión

En la crianza que no es humanizada la gestión es exclusivamente de los cuidadores adultos, encargados de moldear, esto es, de convertir a niños, niñas y adolescentes en algo definido exclusivamente desde la perspectiva de ellos o si acaso, a la manera de alfareros que moldean el barro para hacer una vasija. Las prácticas de crianza de este tipo pretenden que los niños, niñas y adolescentes hagan, alcancen, esperen, necesiten, sientan, les guste y sean lo que los cuidadores adultos quieren.

La crianza humanizada, por el contrario, considera a los niños, niñas y adolescentes como gestores de su propio desarrollo, con los cuidadores adultos como modelos, pues como afirma K. C. Theisen, la mayoría de los niños oyen lo que dices, algunos niños incluso hacen lo que dices, pero todos los niños hacen lo que haces. En el caso de prácticas de crianza humanizada se pretende que los niños, niñas y adolescentes hagan, alcancen, esperen, necesiten, sientan, les guste y sean lo que ellos pueden y deben ser.


Bidireccionalidad, reflexión y futurismo

Toda crianza es bidireccional, lo que quiere decir que mediante las prácticas de crianza tanto los cuidadores adultos como los niños, niñas y adolescentes se benefician o no lo hacen en la relación. En el caso de la crianza que no es humanizada no suele haber reflexión sobre las prácticas de crianza y estas se repiten automática y acríticamente, sin modificarlas con base en conocimientos nuevos.

Además, esta crianza es solo con tendencia solo al futuro, a lo que los niños, niñas y adolescentes sean cuando lleguen a la adultez.

La crianza humanizada es bidireccional reflexiva, basada en la búsqueda permanente de conocimientos que modifiquen y consoliden las actitudes y por lo tanto las prácticas. Además, tiene en cuenta a los niños, niñas y adolescentes fundamentalmente para el presente, así como para el futuro.

Ideologías y valores

La crianza que no es humanizada se basa en ideologías, esto es, en construcciones mentales sustentadoras y justificadoras del poder de los cuidadores adultos; la humanizada en la construcción y reconstrucción de valores, que son cualidades estructurales de los seres en virtud de las cuales se satisfacen necesidades personales y sociales. Esta construcción y reconstrucción no es solo para los niños, niñas y adolescentes, sino también para los cuidadores adultos.

Trascendencia , intrascendencia, ser y tener

En la crianza que no es humanizada prima la intrascendencia y el tener; en la humanizada la espiritualidad y el ser. La trascendencia se refiere a ir más allá de lo necesario, a dar sentido a lo que se hace. La espiritualidad, que no es sinónimo de religiosidad, es la pregunta permanente por el quién soy, el de dónde vengo y el hacia dónde voy.

En la época posmoderna, conocida como cultura light, prima el tener sobre el ser, lo cual absorbe las prácticas de crianza de la forma que no es humanizada, desembocando con facilidad en la sobrepro¬tección. En la crianza humanizada se pretende que el ser esté siempre por encima del tener, teniendo en cuenta que se necesario tener para hacer lo necesario con el fin de lograr la plenitud del ser.

Perspectivas de la niñez y la adolescencia

La crianza que no es humanizada se ocupa de la niñez y la adolescencia en la perspectiva de nece¬sidades, problemas, capacidades, potencialidades, carencias... En esta perspectiva los niños, niñas y adolescentes son considerados y acompañados por los cuidadores como proyectos de personas adultas, como seres inferiores y dependientes, como propie¬dad de los padres y como aprendices de adultos.

La crianza humanizada desarrolla sus prácticas no solo alrededor de necesidades, problemas, capaci¬dades, potencialidades, carencias..., sino, y sobre todo, en la perspectiva de derechos de los niños, niñas y adolescentes. En esta perspectiva los niños, niñas y adolescentes son considerados y acompa¬ñados por los cuidadores como sujetos gestores de su desarrollo, como ciudadanos en formación, con derechos y responsabilidades y como inter¬locutores válidos.

Autoridad y autoritarismo

En la crianza que no es humanizada las prácticas de crianza se basan en el autoritarismo, el cual, como ya se dijo, es la praxis del poder en su ejercicio, por lo cual no es una verdadera autoridad. Esta forma de relacionarse con los niños, niñas y adolescentes es impositiva, vertical y maltratadora. Su único mé¬todo de relación es dar órdenes e impartir castigos, generalmente físicos, para inducir la sumisión.

En la crianza humanizada las prácticas de crian¬za se basan en la autoridad, la cual es poner límites, hacer cumplir normas, transmitir propósi¬tos, lo que significa que es necesario para su ejer¬cicio que los niños, niñas y adolescentes reconoz¬can como legítimos, como significativos, como buenos modelos a sus cuidadores. Esta forma de relacionarse con los niños, niñas y adolescentes es persuasiva, horizontal y bientratadora. Sus métodos de relación son el ejemplo y el diálogo, para inducir autocontrol y responsabilidad.

Maltrato y buentrato

En la crianza que no es humanizada es muy común el maltrato, pudiéndose afirmar que en alguna de sus formas es la característica más so¬bresaliente en ella. El maltrato, según el Consejo Europeo, consiste en actos y carencias que afectan gravemente el desarrollo físico, psicológico, afectivo y moral de niños y niñas, ejecutados por los padres o cuidadores, o por otras personas adultas alrededor de ellos, basado en lo cual es fácil entender que en las prácticas maltratadoras se produce una gran perturbación de la relación.

La crianza humanizada, por el contrario, se basa en relaciones de buentrato, mediante un acompa¬ñamiento afectuoso y respetuoso de los derechos de la niñez y la adolescencia, que es el proceso social capaz de asegurar el bienestar de niños, ni¬ñas y adolescentes, con lo que se pretende una completa armonía de las relaciones de crianza.

Desamor y ternura

En la crianza que no es humanizada con frecuencia se retira o se amenaza con retirar el amor a niños, niñas y adolescentes en esa incesante carrera por obtener la obediencia ciega, la sumisión, que hace sentir tan bien a los cuida¬dores adultos autoritarios.

En la crianza humanizada se pretende que la relación con los niños, niñas y adolescentes se haga con base en la ternura, que según el psiquiatra colombiano Luis Carlos Restrepo es la promoción del encuentro interpersonal que reconoce la dependencia y la necesidad de con¬tacto, cuidado y reconocimiento de sí mismo y del otro, definición que explica por sí sola la bondad de unas prácticas basadas en la ternura.

Sobreprotección y protección

En la crianza que no es humanizada es muy común que haya sobreprotección, sobre todo cuando hay recursos económicos familiares, con el fin considerado legítimo por los cuidadores adultos de que los niños, niñas y adolescentes no carezcan de lo que ellos carecieron antes ni sufran lo que ellos sufrieron. Mediante esta prác¬tica se retarda la construcción y reconstrucción de la autonomía y de la responsabilidad.

En la crianza humanizada es funda¬mental la protección, es decir, am¬parar, favorecer y defender a niños, niñas y adolescentes, así como res¬guardarlos de perjuicios o peligros. A la luz de la Convención sobre los derechos del niño se define como una protección integral, que según el Código de la Infancia y la Ado-lescencia colombiano se entiende como el reconocimiento como su¬jetos de derechos, la garantía y cumplimiento de los mismos, la pre¬vención de su amenaza o vulneración y la seguridad de su restableci¬miento inmediato en desarrollo del principio del interés superior.

Sobreexigencia y exigencia

En la crianza que no es humanizada es muy común la sobreexigencia, que se traduce en los estratos económicos bajos en la exigencia a los niños, niñas y adolescentes a que trabajen, mendiguen o se encarguen de los quehaceres hogareños en desmedro de sus derechos, y en los estratos altos en la exigencia de participación en eventos por fuera de la casa, como clases de artes, deportes, etcétera.
En la crianza humanizada es necesaria la exigen¬cia que se manifiesta como prácticas de crianza con límites y normas razonables según la edad de los niños, niñas y adolescentes. Esta exigencia se dirige a la construcción de la disciplina y la responsabilidad.

Irrespeto y respeto

La crianza que no es humanizada se suele basar en el irrespeto, generalmente por desconocimiento de los hitos de crecimiento y desarrollo de los niños, niñas y adolescentes. Ejemplo de ello es la pretensión de control temprano de esfínteres, la pretensión de que los niños y niñas coman en la cantidad y en la forma que los cuidadores adultos quieren, y la pretensión de que los adolescentes no utilicen su acelerada autonomía.

La crianza humanizada se basa en el respeto, es decir en el reconocimiento de que los niños, niñas y ado¬lescentes son interlocutores válidos, de los cuales se conocen suficientemente sus hitos de crecimiento y desarrollo, así como los momentos de construcción y reconstrucción de sus metas de desarrollo humano integral y diverso y su tejido de resiliencia.

En resumen, la crianza humanizada se diferencia de la que no lo es en que esta se ocupa solo de cómo es el mejor modo de proceder con los niños, niñas y adolescentes, mientras que aquella, además, se ocupa, y primordialmente, de cómo relacionarse con los niños, niñas y adolescente

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