Recuerdo
las vacaciones como una época maravillosa de descanso y
descubrimiento de nuevas experiencias. Algunas veces estuvieron
cubiertas por viajes o deliciosas temporadas en fincas, pero otras
simplemente transcurrían en medio de la rutina de la casa
y sus consecuentes tardes de aburrimiento en las que, sin el orden
habitual de la época de colegio, llegaba la queja de no
tener “nada qué hacer”. Y sin embargo, fueron
éstas en las que se sucedieron los mágicos encuentros
propios de los momentos de ocio, en los que vaciaba el escaparate
de la abuela colgándome cuanto trapo encontraba, encendiendo
la imaginación y riendo a carcajadas. O simplemente mezclaba
el agua con jabón para expandirla en maravillosas pompas
que volaban por el patio. O pulía semillas contra la piedra
de la cocina para tallar luego en ellas un corazón. En
fin, una tras otra, mil actividades que surgían de la imaginación,
dejando con ellas la experiencia de encontrar satisfacción,
disfrute y aprendizaje por sí mismos.
Hoy sé lo importante de tal combinación: por un
lado alguna actividad planeada para descansar del riguroso horario
y por otro, la libertad de irse tras una y otra improvisación
sugeridas por la fantasía, descubriendo experiencias al
antojo.
Y me pregunto si no fueron estos momentos creativos, tan valiosos
como los viajes cuidadosamente programados y los paseos al campo
con una rutina guiada por los planes de los padres. Y por supuesto,
debo contestar afirmativamente.
A la hora de pensar en las vacaciones de tus niños, considera
ambos principios, la planeación y la libertad para vivir
el ocio. Elige algunas actividades que le den cierta organización
al tiempo libre, como un programa de recreación dirigida,
un taller creativo o unas clases de idiomas, y también
es muy importante dejarles un tiempo de asueto, de “vagancia”
para gastar a su antojo. Los padres temen a ese “no hacer
nada” y “dormir hasta tarde” y sin embargo,
en esos períodos de la vida pueden nacer las verdaderas
motivaciones de un ser humano, si posee el adecuado acompañamiento.
Los hijos crecen cuando se dejan con tranquilidad pasar algunas
horas de ocio y descubrir algo de su interés, que quizás
conlleve luego un aprendizaje más formal. Además,
se preparan para la vida reconociendo sus intereses, generando
el impulso para avanzar por su realización y sobrepasar
por sí mismos los ratos de aburrimiento y desocupación.
Lo importante en todo caso es estar atentos a acompañar
sus iniciativas, a proporcionar elementos y recursos para realizar
alguna idea, a poner límite en los hábitos persistentes,
que podrían ser evasivos, como el computador y la TV, y
sobretodo a evaluar con ellos los resultados de su empleo del
tiempo libre.
Quizás con ello logres que las vacaciones también
les enseñen una manera más satisfactoria de vivir
la vida con propósito propio. Como adultos anhelamos ese
maravilloso periodo de tiempo en el que la disciplina y las pautas
de vida establecidas por la rutina se desdibujan un poco dando
lugar a reconocer la novedad en lo cotidiano, al goce del presente
sin más afanes que la experiencia misma y por supuesto,
incrementando nuestra sensibilidad a la naturaleza, a las otras
personas, al juego, a los relatos y a los lugares dejándonos
el gusto de la vida experimentada con tiempo y deleite. Tus hijos
agradecerán la soltura durante el tiempo de vacaciones
y apreciarán tu compañía para “inventar”
actividades gratas y novedosas.
Te sugerimos en las Vacaciones:
* Planea con anticipación las vacaciones, escucha sus
deseos, incluye sus gustos y toma en cuenta sus iniciativas.
* Acuerda un tiempo de actividad programada, clase, taller o
refuerzo académico.
* Deja un tiempo enteramente a su disposición y con libertad
para decidir en qué emplearlo.
* Observa con tranquilidad su queja de aburrimiento, sin volar
a dar solución inmediata, y no admitas el chantaje por
“no tener nada qué hacer”.
* Olvida la culpa por tus actividades laborales y da especial
acompañamiento.
* Alaba sus iniciativas, su creatividad y aprendizajes. Y proponles
“trabajos” u oficios para realizar en la casa: hacer
las tarjetas de navidad para la familia, p. ej.
* Reserva un tiempo para realizar alguna actividad compartida
o llegar a casa más temprano a conversar con ellos sobre
su día.
