Sabrás
lo que es ser padre
Autor: Danny Hahlbohm
Solamente sabrás lo que es ser padre, cuando sientas
muy hondo el latido de ese pedazo de tu corazón sobre
tu pecho, henchido de legítimo orgullo.
Sabrás lo que es ser padre cuando
comprendas que el fruto de tu sueño es ahora una
realidad palpitante, ternura en piel viva y mirada inocente
ante tu regocijo.
Conocerás la dicha de ser padre cuando
entiendas que tu sueño ya jamás será
completo, cuando sepas del llanto de la madrugada, de tus
largas ojeras y la satisfacción de ver a tu renuevo
tranquilamente dormido, aunque tú no lo puedas hacer.
Únicamente sabrás lo que es
hacerse padre cuando radiante pasees a tu hijo en su dorada
carriola, le hables aunque sepas que no te entiende aún
y lo veas descubriendo asombrado cada pequeña cosa
que constituirá su primera lección de filosofía.
Sabrás lo que significa ser padre
cuando en la noche corras por esa medicina que necesita
para aliviar su fiebre, al llevar la cuenta de sus vacunas
y cuando de puntillas te acerques a su cuna a escuchar su
respiración, acompasada y feliz.
Cuando por primera vez te diga papá,
ría cuando lo lances al aire y no sienta el peligro
porque tú le das seguridad con tu sonrisa, cuando
le impulses a dar sus primeros pasos, inequívoca
señal de que empieza el camino hacia su destino y
corras detrás de su bicicleta donde afanosamente
pedalea los primeros caminos y distancias del peregrinar
futuro de su vida.
Sabrás la maravilla que posees cuando
lo lleves por vez primera a la escuela y veas sus ojos llorosos
porque no quiere separarse de tí y sientas el alma
adolorida al alejarte dejándolo en medio de otros
egoísmos que, sin embargo, le enseñarán
a ser compartido.
Cuando te muestre sus primeros garrapateados
dibujos, incipiente Picazo que preludia en ellos el afán
por la belleza que se esconde en su corazón. Y sobre
todo cuando se abrace a tí, tomando tu mano simbolizando
con ello la confianza de tu fortaleza, que le dará
seguridad en su andar.
Sabrás lo que es ser padre cuando
reclame tu tiempo y tu tengas que buscarlo y encontrarlo
en donde puedas, cuando lo lleves al circo y a la playa
y al paseo cansado pero gratificante, cuando juntos sueñen
en las vacaciones en que ambos se pertenecerán por
completo, cuando le enseñes a jugar y a llenar rompecabezas
y juntos caminen por el parque cualquier tarde esplendorosa
de abril.
Comprenderás la maravilla que Dios
te concedió, cuando te rete con sus primeras preguntas
y de momento no sepas como contestarlas, cuando le ayudes
a escribir la carta a Santa Claus y esperes la vigilia de
la Navidad con el ansia compartida de una nueva niñez
tuya y descubra en tu abrazo y tu caricia y tu beso incondicional,
cuando le amas.
Sabrás lo que es ser padre cuando
lo lleves a que toque a Dios por primera vez, le enseñes
a rezar por todos y sienta que tu cariño es algo
en lo que puede confiadamente descansar. Y cuando ves que
va creciendo y tu lo acompañas, va avanzando y tu
estás a su lado, y se va haciendo adolescente y en
ese proceso tu no lo dejas, por duro que sea el ver que
poco a poco se desprende de tí, para ir en busca
de sí mismo.
Sabrás lo que es ser padre cuando
oigas el reclamo inesperado y su deseo de independencia.
El día que deje de acompañarte, porque sus
amigos lo esperan y sientas que tu corazón se estremece,
porque el día llegó antes de lo que pensabas
y sientas profundamente que así debe ser, porque
es el precio que pagarás por el aprendizaje de su
vuelo definitivo.
Y finalmente sabrás lo que es ser
padre cuando un día tu hijo tenga que partir para
estudiar en otro lugar, o a un trabajo distante y la nostalgia
consuma las horas que antes feliz disfrutaste en su compañía
y quizás sea el teléfono o el internet la
lejana liga que te una a él.
Y sobre todo cuando alguien venga y lo lleve
de tu lado para perseguir otro arcoiris, el de su propia
vida, compartida con alguien a quien amará y tu deberás
aceptarlo, porque esa es la ley de la vida y tu hijo te
fue solamente prestado por un tiempo.
Entonces sabrás lo que es saberte
padre. Que no estudiaste para ello, pero lo viviste y lo
seguirás viviendo. Y el regocijo que eso te proporcionará
deberá entonces ser mayor que el dolor que supone
el sentir que algo muy tierno se despide de tu alma. Pero
es solo entonces que podrás saber con plenitud, la
maravillosa experiencia, regalo de Dios vivo, que es saberse
padre.