
PAPÁ
y MAMÁ ORGULLOSOS, VIGILA TU EGO
¿Quieres
que tu hijo/a sea mejor que tú?
¿Tienes
metas muy altas para él/ella?
¿Te
has sentido ansioso porque tu hijo/a no cumple con tus expectativas?
¿Quisieras
que diera más?
¿Lo
comparas con otros niños/as y te sientes orgulloso por
su superioridad ante ellos,
o te ofusca su “atraso”?
¡ATENTO!
Quizás el responsable de tu ansiedad sea tu ego, y no tu
amor genuino
por tu hijo, que se manifiesta como necesidad acuciosa de que
“saque la
cara” por ti, te haga quedar bien ante otros y cumpla fielmente
con tus expectativas
No
es que seas un padre extraño, no. Es fácil caer
en la tentación de anhelar que el hijo/a sea el/la mejor,
y supere a sus padres realizando lo que ellos no han podido hacer
en sus vidas. Sin embargo, es importante diferenciar qué
te motiva al
esperar tanto de él/ella y en ocasiones a presionar, culpabilizar,
manipular o chantajear,
insensible a lo que él/ella sienta. La justificación
que te das es que lo haces por su bien
Contempla
esto: una cosa es DAR el acompañamiento necesario para
que tu hijo
crezca sano y hermoso; hacer, sin omitir esfuerzos, para que su
nutrición, su bienestar,
su educación y su felicidad sean óptimos, y otra
cosa es PEDIR del hijo
los resultados que alimenten tu ego de padre/madre.
Someterlo
a cumplir tus necesidades insatisfechas lleva a exigir jornadas
intensas de clases extracurriculares, a sobre- verbalización
y órdenes obsesivas, a sobre-estimulación y conocimientos
sin sentido, y a otras situaciones que buscan satisfacer las altas
expectativas que como padres se generan en busca de su oportunidad
de ser mejores a través del hijo.
La
consecuencia no es alentadora: Ello deja huellas indelebles en
su ser que perduran como temor, inseguridad, falta de valía
personal y dificultad para crear las
propias visiones motivadoras y alentadoras de vida para la plena
realización personal.
Incluso a lo que se denomina, miedo a triunfar.
Vigila
entonces que el orgullo natural, sano y amoroso que acompaña
a los padres por siempre y es tu más hermoso sentimiento
cuando recibes a tu hijo/a en brazos, no se contamine con tu EGO,
sobre cargando con tus altas expectativas a quien tanto amas y
apenas comienza a crecer.
Comprende
que tu labor es de enseñar, animar, acompañar, alegrar
y entusiasmar
a tu hijo a ser el mejor desde el gran amor que por él
sientes. Y
¡Disfrútalo…
es tu mejor regalo!
CREDITO:
Olga Elena Betancourt M
PROYECTOS
HUMANOS
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