
Hijos
individuales,
hijos de la vida.
“....
Vuestros hijos no son vuestros. Son los hijos del anhelo de la
vida por perpetuarse. Llegan a través de vosotros, mas
no son realmente vuestros. Y no os pertenecen, aunque están
con vosotros. ”Jalil
Gibrán.
Y dice OSHO:
“Tus hijos no necesitan ayuda; no los ayudes. ¡ÁMALOS!
La pregunta, ¿qué esperas de tus hijos a futuro, qué te gustaría lograr con la inversión de amor y esfuerzo que haces por ellos? conduce invariablemente al deseo de que sean personas de bien, realizadas, felices y útiles a la sociedad en la cual viven. Quizás en ese orden.
Y si es tan claro el objetivo a lograr con el paso de los años, por qué a veces, ¿no se alcanza? ¿Por qué, si es tanto el amor, en ocasiones, se logra tan poco?
Quizás porque se desconocen algunas leyes que determinan el éxito en ese camino de acompañar a los hijos a crecer, a ser ellos mismos y triunfar.
Un principio aquí enunciados te harán reflexionar sobre la forma cómo desempeñas tu rol de padre/madre y quizás desees enriquecer tu hermosa tarea de soplar tras tus hijos para que vayan más adelante que tú:
Cada ser humano, UNO, tiene que experimentar y aprender por sí mismo.
Eso significa experimentar la vida con sus enseñanzas, sometiéndose a sus ritmos y comprendiendo sus leyes en la magnitud que ello entraña: aprender en carne propia que el pensamiento y la acción, crean la realidad. Cuando se yerra, la consecuencia duele y es importante corregir el rumbo para sentir bienestar; y cuando se acierta, se obtiene satisfacción. Así, poco a poco se llega a sentir un profundo respeto por los procesos inherentes al tiempo y el espacio.
Cada persona debe avanzar por sí misma hacia el grado siguiente en la maestría de vivir. Significa aprender, equivocarse, sentir pena, dolor, temor e ir más adelante por la propia superación de los obstáculos, o celebrar los triunfos obtenidos con el esfuerzo propio.
Y es importante comprender, que en el gran amor que experimentamos por los hijos, tenemos la tentación de allanarles el camino. Ansiamos verlos sonrientes, alegres, agradecidos en cada momento del día. Nos indispone su disgusto, su queja, su insatisfacción y por ello, nos apuramos a darles gusto ante sus demandas, a suplir sus necesidades anticipadamente y atenuar sus dolores y frustraciones diarias, entregando apoyos que quizás no necesitan; Impidiendo que las consecuencias naturales de la vida lleguen a ellos.
Y con ello, alteramos el principio de la vida que invita a aprender, a hacer de la vida una vivencia propia que se materializa en satisfacción, sabiduría, capacidad y energía.
Por último: ablandar el terreno por el que lo hijos deben transitar, actuando con sobre protección, no significa más amor. Quizás es sólo que la culpa o el temor, han tomado el timón de la relación con ellos.
RECUERDA:
- El castigo no es muy importante con los niños de hoy.
- Permite que tu hijo reciba la consecuencia de sus propias acciones: Si apaga la luz, déjalo a oscuras. Si olvida un cuaderno, permite que enfrente a las consecuencias de su descuido.
- Y si se inquieta por algo, déjalo buscar la respuesta.
- Olvida el afán: un hijo crece y se hace adulto en 25 ó 30 años.
- Guía sus pasos, acompáñalo a dilucidar sus inquietudes por sí mismo y permite que se haga grande contigo a su lado.
CREDITO:
Olga Elena Betancourt M
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