Jorge Osorio Ciro
Especialista en medicina deportiva
Profesor
Facultad de Medicina
Universidad de Antioquia
La práctica de la actividad
física y especialmente una de sus máximas expresiones,
el deporte, ha venido ganando espacio en el estilo de vida de
finales de siglo, convirtiéndose en un elemento que diferencia
el ambiente de crianza de un niño actual con respecto a
un niño de épocas anteriores.
La inactividad o sedentarismo es considerada hoy en día,
como un elemento perjudicial para el estado de salud de los individuos,
especialmente en lo relacionado con las enfermedades degenerativas,
tales como la enfermedad coronaria, la diabetes mellitus, la osteoporosis
y la obesidad, entre otras.
Ante la realidad de esta amenaza,
se plantea la utilización del ejercicio como una excelente
alternativa de salud para la población, pero desafortunadamente
pareciera que los niños no formaran parte de este mundo,
donde sólo el adulto es objeto de mensajes y programas
de actividad física con fines de salud, cuando por el contrario,
deberían ser los niños el objeto de dichos programas
porque hasta ahora la única solución adecuada para
esas enfermedades degenerativas es la prevención temprana,
es decir, desde la niñez.
Por otra parte, la profesionalización
del deporte, esto es, la práctica deportiva con fines económicos,
ha ganado un espacio dentro del mundo capitalista. Las grandes
fortunas obtenidas por jugadores de distintos deportes, especialmente
del fútbol, han llevado a una comercialización desenfrenada,
afectando directamente al deportista, creando un tipo de esclavitud
moderna, en la que el individuo se ofrece como una mercancía
y de esto no se escapan los niños.
En este artículo se quieren
exponer algunos elementos de juicio que permitan a todos intentar
la utilización del ejercicio y el deporte como una herramienta
de desarrollo de los niños. Si se entienden los beneficios
derivados de la práctica deportiva adecuada y se conocen
los daños producidos por su mal uso, se estará dando
un paso adelante en la crianza humanizada, que le permitirá
a los niños vivir un mundo mejor.
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Cómo
es el desarrollo del movimiento en los niños
Cuando los niños en estado
fetal se mueven, su madre sabe que están vivos. Éste
es tal vez el primer mensaje de la nueva criatura para el mundo
exterior y es interpretado como un mensaje de vitalidad. Esta
correspondencia entre el movimiento del cuerpo y la vida se mantendrá
durante toda la existencia.
Desde la etapa fetal y durante
los primeros meses después de nacer, los movimientos ejecutados
por los niños son de carácter reflejo; esto quiere
decir que no son voluntarios y, además, no son aprendidos,
sino simplemente heredados. Estos movimientos reflejos permiten
la supervivencia del ser humano en la primera parte de su vida;
con ellos busca el alimento materno, lo succiona, lo traga; también,
endereza su cuello y tronco, con lo que se logra el fortalecimiento
de sus incipientes músculos. Luego inicia el aprendizaje
motor y durante los dos primeros años desarrolla todos
los elementos de la marcha. Al final de los dos años, la
principal conducta motriz es caminar y en este tiempo la mayoría
de los movimientos reflejos son reemplazados por movimientos voluntarios
aprendidos.
Entre los dos y los seis años,
los niños desarrollan las llamadas habilidades motrices
básicas, esto es, corren, saltan, lanzan, golpean y atrapan
objetos e inclusive aprenden a nadar. Estas habilidades sólo
requieren para su desarrollo que los niños tengan la posibilidad
constante de hacerlas, lo que significa espacio, tiempo y objetos
adecuados y es el juego la herramienta principal para el aprendizaje
motor. No se requieren escuelas especializadas para la enseñanza
motriz, sólo el necesario dejar que los niños efectúen
los diferentes movimientos, pero sí es de suma importancia
la observación metódica para detectar los que tienen
problemas, así como los sobresalientes. En este momento
del desarrollo adquieren gran importancia los padres y educadores
preescolares, como garantes para el adecuado desarrollo motor
de los niños.
A partir de los seis años,
los niños pueden especializar los movimientos aprendidos,
logrando el desarrollo de múltiples posibilidades para
las diferentes habilidades motrices, aprendiendo, si es del caso,
las técnicas de diferentes deportes. Para esto, el juego
sigue siendo una herramienta valiosa, pero es necesario, además,
iniciar un proceso pedagógico que implica a veces, además
del deseo de gozar, lograr el objetivo de obtener destrezas específicas
en algo; es entonces cuando aparece la escuela para la formación
de individuos.
En este punto es fundamental analizar
la respuesta del medio social ante el desarrollo del movimiento
de los niños porque es tal vez uno de los aspectos en los
que más errores se cometen. Desde la aparición de
los movimientos fetales hasta lograr la marcha, los niños
son estimulados y acompañados de una forma generalmente
satisfactoria, pero a partir de los dos años la conducta
general del medio es inducir al niño a la quietud. La mayoría
de los mensajes son en contra del movimiento y las frases de acompañamiento
más usadas son: “quédate quieto”, “deja
de brincar”. Pareciera incongruente el movimiento de los
niños con el medio que lo rodea y esto se acentúa
en la etapa escolar.
Si se analiza lo expuesto anteriormente
sobre la necesidad de espacio, tiempo y objetos adecuados para
el logro de las habilidades básicas, se puede deducir que
se construye un medio para evitar a toda costa el desarrollo normal.
A los niños que se mueven mucho se les califica de “hiperquinéticos”,
convirtiéndose en verdaderos monstruos de la naturaleza
y por medio de una labor constante en la que todos los adultos
son partícipes, se logra al cabo de los años construir
un individuo sedentario.
La primera gran revolución
en este campo debe ser lograr convencer a los padres y educadores
acerca de la importancia de mirar el movimiento, lo que es lo
mismo, la práctica del ejercicio físico y el deporte,
como uno de los principales elementos para el desarrollo adecuado
del ser humano. Debe ser objetivo de la sociedad moderna el lograr
que la práctica del ejercicio sea un elemento del estilo
de vida de las nuevas generaciones.
Los programas de educación
preescolar y escolar deben incluir el ejercicio y la práctica
deportiva como ejes de desarrollo y no como simples elementos
de distracción o perdida de tiempo. Se deben implementar
planes comunitarios para el fomento de la actividad física
en la niñez porque resulta por lo menos incomprensible
pretender obtener adultos deportistas de niños sedentarios.
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Acerca
de las escuelas de formación deportiva
En la última década
han aparecido como una epidemia las llamadas escuelas de formación
deportiva, y aunque cuando se habla de este tema generalmente
se orienta hacia las escuelas de fútbol, hay otros deportes
con bastante participación de niños como la natación,
la gimnasia, el patinaje y las artes marciales.
Como ya se anotó, durante
le desarrollo normal del aprendizaje motor, sería necesaria
la existencia de una parte escolar dedicada a la especialización
de las habilidades básicas, por ejemplo, las escuelas de
música, de pintura, de danza y obviamente las deportivas,
de las cuales, las primeras son miradas con simpatía y
aprecio y las últimas son motivo de controversia. El principal
factor en contra de las escuelas de formación deportiva
y especialmente de las de fútbol, radica en la forma como
entiende alguna parte de la sociedad el ejercicio profesional
de un deporte. Esta profesionalización sólo se entiende
como la posibilidad de ganar dinero y así poder salir de
la pobreza económica. A lo anterior se debe agregar la
falta de profesionalidad de la mayoría de los “profesores”
de las escuelas deportivas, amén de la casi absoluta negligencia
mostrada por el sistema educativo con el deporte.
Una escuela de formación
deportiva puede convertirse en un complemento ideal para la formación
de los niños. Por medio del deporte se socializa, se acepta
la norma, se respeta al contrario, se desarrolla físicamente
el cuerpo, se da goce, pero para esto es necesario tener maestros
y establecimientos adecuados.
Los padres y la sociedad en general
deben entender que una escuela de formación deportiva es
no sólo una fábrica de campeones. Si bien es cierto
que todos los niños tienen el derecho de mejorar sus habilidades
motrices, no todos tienen las condiciones físicas y técnicas
para ser deportistas de rendimiento de igual manera que no todos
son aptos para ser médicos, abogados, ingenieros, artesanos,
pintores…
Las escuelas de formación
deportiva son un excelente complemento para la formación
de los niños y, además, son el sitio donde los que
nacieron con capacidades motrices y físicas especiales
puedan desarrollarse y lograr ser verdaderos profesionales del
deporte.
Cuando unos padres deciden satisfacer
el deseo de su hijo y lo llevan a una escuela de formación
deportiva, deben evaluar la estructura física y el tipo
de profesores, pero sobre todo, deben respetar el deporte escogido
por los niños.
En una escuela de formación
deportiva durante la primera fase de instrucción, esto
es, entre los seis años y el inicio de la pubertad —etapa
escolar— el proceso debe orientarse hacia el aprendizaje
y dominio de la técnica del deporte; por ejemplo, en una
escuela de fútbol, el objetivo es aprender todo lo relacionado
con control, conducción e impulso del balón, pero
esto implica no sólo jugar un partido de fútbol,
significa todo un proceso en el que se especializa la carrera,
el salto, el equilibrio, la coordinación, en general el
dominio del cuerpo en movimiento.
En la segunda fase, que se inicia
con la pubertad, se orienta el proceso hacia el logro de la máxima
capacidad física. Si lo anterior se cumple, se tendrá
al final de la pubertad un individuo con el máximo desarrollo
técnico y físico para la práctica de un deporte;
si a partir de este momento él decide ser un profesional
del deporte o no, será su decisión, no la de sus
padres o de su medio social.
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¿Hay
niños que no puedan practicar una actividad fisicodeportiva?
Hay dos condiciones claras en
las cuales se contraindica la actividad física; la primera
es el padecimiento de una enfermedad activa no controlada, por
ejemplo una enfermedad viral en su estado febril, una diabetes
descompensada… Por otro lado, cuando la enfermedad esté
controlada, las actividades fisicodeportivas se pueden hacer,
pero como es obvio, en la medida que una enfermedad afecte más
el estado de salud, el ejercicio deberá ser controlado
con un rigor mayor. La segunda condición que contraindica
las actividades deportivas en los niños, es la negativa
de éstos a efectuarlas. No se debe obligar a los niños
a la práctica deportiva si no quieren y aunque esto parece
muy obvio, es uno de los mayores problemas de las escuelas de
formación deportiva, en las que con cierta frecuencia los
adultos llevan a los niños simplemente para satisfacer
su deseo y no el de los menores.
También puede ocurrir la
negativa del adulto a permitir a los niños la participación
en eventos deportivos, con el argumento de ser perjudicial para
la salud, como sucede con niños asmáticos y diabéticos.
En ambos casos, la práctica deportiva debe ser estimulada
porque estos niños reciben beneficios físicos y
psicológicos que mejoran ostensiblemente su calidad de
vida.
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Asma
inducida por el ejercicio
Esta enfermedad afecta especialmente
a niños asmáticos, pero también puede aparecer
en niños sin este diagnóstico y consiste en el desencadenamiento
de una crisis de asfixia durante o después de una práctica
deportiva y, aunque el mecanismo de producción no es muy
claro, se ha demostrado asociación con la intensidad del
ejercicio, pues cuanto más intensa, mayor probabilidad
de desencadenar la crisis. Es una situación totalmente
prevenible con dos estrategias; la primera, iniciar el ejercicio
con una intensidad suave e ir aumentándola en forma paulatina
y, la segunda, utilizar fármacos antes de la práctica,
como los broncodilatores inhalados o los utilizados por los asmáticos
para evitar sus crisis.
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¿Hay
deportes que no puedan ser practicados por los niños?
La respuesta contundente es no.
Cualquier deporte puede ser practicado por cualquier niño,
pero se debe llamar la atención acerca del error común
cometido por padres, educadores y entrenadores que intentan reproducir
la práctica deportiva de los adultos con los niños,
lo cual sí es atentatorio contra el bienestar del individuo.
Sobre esto, uno de los problemas
principales es la falta de conocimiento de muchos de los instructores
de las escuelas de formación o de los planteles educativos
tradicionales acerca de las bases científicas que orientan
el entrenamiento deportivo con niños, generando problemas
físicos y psicológicos que pueden alterar de manera
negativa el adecuado crecimiento y desarrollo de los seres humanos
en formación.
En resumen, la actividad fisicodeportiva
es un elemento de desarrollo fundamental para el ser humano. Produce
efectos benéficos en la salud e incluso puede ser parte
del desarrollo profesional del individuo. Se debe estimular la
práctica del ejercicio físico desde la niñez
temprana si se quiere reducir el impacto de las enfermedades degenerativas
en etapas posteriores de desarrollo. El deporte puede ser una
alternativa de vida, pero es necesario un adecuado control de
las escuelas de formación deportiva.
La práctica deportiva adecuada
genera individuos más sanos, más autónomos,
más responsables, más sociables y con más
autoestima. La práctica deportiva inadecuada destruye al
individuo.
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Lecturas recomendadas
Bastidas M, Posada Á, Ramírez
H. Conceptos generales sobre crecimiento y desarrollo. En: Posada
Á, Gómez JF, Ramírez H. El niño sano.
2a. ed., Medellín, U. de A., 1998, pp 42-69.
Osorio JA. El niño y el
deporte. En: Posada Á, Gómez JF, Ramírez
H. El niño sano. 2a. ed., Medellín, U. de A., 1998,
pp 584-601.