Por Lourdes Denis Santana
La dinámica que define a la humanidad actual es sin
duda el resultado de las formas y estilos de vida que los
seres humanos han practicado a través del tiempo. Tales
formas de vida conllevan opciones éticas que son afianzadas
por la educación familiar y escolar, así como
por los medios masivos de comunicación. En otras palabras,
lo que es hoy la humanidad
es producto de lo que el ser humano y sus sistemas educativos,
conscientemente o no, han decidido que aquella sea.
Las características
que definen a la sociedad de hoy están a la vista y
todos sentimos, en mayor o menor medida, sus efectos... Una
escala de valores que hace aparecer el dinero, el sexo, la
violencia, el vicio, la corrupción, el facilismo, el
atropello, la inconsciencia ciudadana, la posesión
de bienes, el afán de poder y el deseo de figuración,
como los esquemas predominantes del comportamiento humano.
Es obvio que la humanidad está siendo víctima
de su propia aniquilación.
Tomar conciencia de ello es un primer y urgente paso para
propiciar un proceso de transformación que supone subvertir
la actual escala de valores, teniendo como reto el respeto
de la dignidad humana, la valoración de la vida y de
la Naturaleza.
La alta responsabilidad social
que detentan los docentes demanda que sean ellos los primeros
en comprender la necesidad de propiciar una formación
ética y moral que contrarreste los efectos de los esquemas
que progresivamente están conduciendo a la destrucción
del ser humano y su ambiente natural.
Reflexionar acerca del sentido
de la vida y de la educación debe contribuir a que
nuestras acciones cotidianas sean menos insulsas y más
constructivas. La pervivencia digna de la humanidad depende
de las orientaciones educativas que reciban niños y
jóvenes, en consonancia con el ejemplo de los adultos.
Lastimosamente, los esfuerzos
parecen ser siempre aislados: mientras algunos están
claros en el rumbo y las estrategias a seguir, otros tienen
como meta la destrucción de todos esos esfuerzos. Esa
parece ser una lucha permanente de las sociedades.
¿Qué hacer para
que los seres humanos adquieran conciencia de que el sentido
de la vida radica en construir juntos, con el aporte de todos,
un mundo de mejor calidad al servicio de la propia humanidad?
¿Qué hacer para que la sociedad comprenda que
la dignidad de la persona y la valoración de la vida
son el punto de partida de toda construcción social?
Tales interrogantes realzan el compromiso de los educadores.
Ser
educador requiere hoy en día un alto sentido de compromiso
con la humanidad. Ser educador supone estar consciente de
que una parte del destino está en nuestras manos y
depende de lo que pensamos, valoramos, decimos, sentimos y
hacemos. Ser educador es algo más que
transmitir información, muchas veces inútil
y expresada sin motivación alguna. Ser educador significa
dejar, en las mentes que pasan por sus manos, huellas indelebles
de compromiso con la sociedad, es ofrecer herramientas para
que cada individuo se sienta responsable en la forja de un
mundo social digno y en la protección del entorno ambiental.
Grandes interrogantes se plantean
al docente hoy: ¿qué tipo de educadores realmente
somos? ¿Qué hacen la familia, la escuela y los
medios de comunicación para forjar las personas de
bien que la sociedad requiere? Este compromiso trasciende
cualquier implicación monetaria y material. Es un compromiso
ético con nosotros mismos y con la humanidad. Preguntémonos
entonces ¿cuánto amor y cuáles herramientas
estamos ofreciendo para construir el mundo que deseamos?
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Feliz día del Educador les desea Tuytubebe !! Mayo 15 |
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