Cuando
la succión del bebé no es correcta
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Liga Internacional
de la Leche
Muchos de los fracasos tempranos del amamantamiento están
ligados a supuestos problemas de succión del niño.
Con frecuencia las madres comentan que su bebé no sabía
succionar, no hacía sino morder el pezón, se desesperaba
en el seno, no subía de peso, le agrietaba los pezones.
Es cierto que un cuadro de estos puede engendrar a la vez dolor
en los pezones de la madre, insatisfacción del bebé
y frustración en la madre, todas ellas buenas razones para
suspender la lactancia. Sin embargo, al igual que la mayoría
de los problemas encontrados al comienzo del amamantamiento, se
trata generalmente de problemas inducidos por una mala práctica
al amamantar que se pueden evitar.
¿CÓMO SUCCIONAN LOS
BEBÉS?
Para
comprender mejor los problemas de succión, lo mejor es
comenzar por estudiar qué es un buen agarre del seno. En
el seno, las mandíbulas y la lengua del bebé deben
trabajar de manera coordinada. Cuando el bebé toma el seno,
su lengua forma un canal debajo del pecho y se apoya rítmicamente,
presionando el seno de su madre contra el paladar. Esto aplana
y alarga la parte de la areola situada atrás del pezón.
Entonces, la parte posterior de la lengua del bebé forma
un canal antero-posterior, que permite a la leche salir del pezón.
Enseguida el bebé traga y respira. Sus labios son retraídos
y apretados contra el pecho para mantener la succión.
LA CONFUSIÓN SENO/CHUPO
El ejemplo típico de los problemas de succión producidos
por una mala práctica de lactancia, es el de la confusión
seno/chupo.
Los biberones y los chupos de entretención parecen hacer
parte integral de la vida de los bebés de nuestra sociedad
occidental, al punto que pocas personas están dispuestas
a admitir que podrían ser nocivos y compro-meter el comienzo
del amamantamiento.
No obstante, un gran número de bebés, sin duda la
mayoría, se confunden si deben succionar a veces de un
chupo y otras veces del seno, durante las tres o cuatro semanas
siguientes al nacimiento. Para ciertos bebés, bastará
una semana para que comiencen los signos de confusión.
Para otros, uno o dos biberones (u otros chupos, por ejemplo las
pezoneras de silicona), serán suficientes para provocar
los problemas.
En efecto, cuando un bebé amamantado toma leche del biberón
como si succionara del pecho de su madre (en la forma descrita
más arriba), es inmediatamente inundado por un mar de líquido.
Esto lo obliga a disminuir el flujo de la leche echando su lengua
hacia la parte posterior de la boca para evitar ahogarse. Sus
labios se cierran sobre el chupo rígido y sus mandíbulas
no tienen nada que hacer. La leche llega inmediatamente sin esperar
un reflejo de eyección.
Si
enseguida él amamanta de la misma manera que come del biberón
(lengua al borde del pezón en vez de estar debajo del seno,
mejillas punzadas sobre el pezón), no obtiene casi nada
de leche y en cambio hay un gran riesgo de provocar dolores y
grietas en el pezón de su madre.
Otros problemas de succión pueden deberse a una plétora
o congestión importante en la madre debida, con frecuencia,
a un comienzo tardío del amamantamiento o a amamantadas
muy espaciadas y cortas. El seno se encuentra tan lleno y tenso,
que el bebé no alcanza a coger el pezón con su boca.
Y no olvidemos los problemas causados por una mala colocación
del bebé en el seno: cuando el bebé está
muy lejos o debe voltear la cabeza para amamantar, no lleva el
seno lo suficientemente profundo a su boca para que se desencadene
un reflejo de succión eficaz. De nuevo en esta situación,
lo más probable es que la madre se agriete y como el bebé
no succiona bien, no obtiene suficiente leche. Esto genera un
círculo vicioso en donde la deficiente colocación
del bebé al seno lleva a una pobre ingesta de leche por
parte del bebé, quien entonces querrá comer con
mucha frecuencia, lo que agrava la situación de los pezones
de su madre. Se hace necesario, ante todo, corregir la colocación
del bebé al seno. Lo demás vendrá por añadidura.
¿Cuál es entonces
la colocación ideal que debe tener el bebé al amamantar?
Debe estar de frente a su madre, barriga contra barriga, de manera
que no tenga que voltear la cabecita hacia el seno para aferrarse;
el pezón y buena parte de la areola deben estar dentro
de su boca; sus labios deben estar evertidos como si fuera a silbar;
su nariz y su mentón deben tocar el seno de su madre; el
bebé debe estar a la altura del seno, no más abajo;
ninguno de sus dos brazos debe ser un obstáculo que le
impida acercarse totalmente a su madre; su lengua debe quedar
exten-dida y adelantada en el piso de la boca de manera que cubra
la encía inferior del bebé para que al subirla y
bajarla acompasadamente con la mandíbula, presione el pezón
y la areola para obtener la leche. Un bebé así colocado,
obtiene suficiente leche y además no lastima a su madre.
¿Cómo se sabe que el bebé succiona bien?
Usual-mente el bebé comienza cada lactada con una serie
de chupeteos rápidos que estimulan la bajada de la leche.
En adelante, la madre oye a su bebé tragar después
de cada una o dos succiones. Este patrón de chupar/tragar
puede durar entre 10 y 20 minutos para la mayoría de los
bebés, aunque el bebé traga con menos frecuencia
a medida que avanza el tiempo de la comida. Si el bebé
está succionando bien, su madre puede ver que las sienes
y las orejas del bebé se mueven. Uno de los primeros síntomas
de que el bebé succiona en forma inadecuada es el agrietamiento
de los pezones de su madre.
LOS BEBÉS QUE TIENEN UNA SUCCIÓN DÉBIL
La inmensa mayoría de los bebés nacidos a término
y en buena salud, saben succionar y deglutir desde el nacimiento
y no tendrán problemas si no hay interferencia con los
biberones de complemento y otros chupos.
No obstante, un pequeño número de infantes no alcanza
a succionar eficazmente. Las razones más frecuentes, aparte
de la prematurez, son las perturba-ciones durante el período
neonatal como hipoglucemia, hipoxia, ictericia, anestesia y analgesia
de la madre durante el parto, incluida la epidural, así
como la llamada inmadurez del sistema nervioso central.
Algunos de estos problemas pueden ser evitados cuando las condiciones
del nacimiento y de los primeros días propician la cercanía
de la madre con su bebé. Los investigadores reportan desde
hace varios años, por ejemplo, que el riesgo de ictericia
disminuye fuertemente si el bebé amamanta frecuentemente
desde el comienzo.
Estos niños, durante los primeros días y semanas
(incluso los primeros meses, pero esto es raro) no alcanzan a
coordinar suficientemente los movimientos de su lengua y mandíbulas
para realizar una succión y deglución eficaz. Pasan
a menudo «todo el día» en el seno, son muy
tónicos o al contrario apáticos y dormilones, y
amamantan con poca frecuencia.
El tiempo, y a veces la reeducación de la succión,
así como la utilización de diversas técnicas
particulares (alimentación con pocillo, utilización
del suplementador para ayudar al amamantamiento), permiten pasar
esta etapa difícil. Las dificultades evolucionan siempre
a la mejoría, sin que se pueda decir cuándo se va
a solucionar el problema, pues esto varía de un bebé
a otro.
LOS PROBLEMAS DE LA LENGUA
Cuando se comprende cómo hace el bebé para succionar,
se sabe que todo aquello que impida que la lengua se ponga en
posición correcta debajo de la areola, puede causar problemas
del amamantamiento.
Frenillo muy corto. Cuando este es el caso, el frenillo tira de
la lengua e impide que su punta se sitúe correctamente,
es decir debajo del pezón y la areola, y sobre la mandíbula.
Cuando el examen del bebé confirma el hecho de que su lengua
no puede cubrir, aun a veces ni siquiera alcanzar a la mandíbula
inferior (a veces el frenillo tira tanto de la lengua que esta
tiene la forma de un corazón estilizado), la solución
es cortar el frenillo. La mamá puede amamantar luego a
su bebé, generalmente sin más problemas.
Lengua retráctil. Así no sea por un frenillo muy
corto, la lengua está mal situada: tirada hacia atrás
y frota los lados de los pezones. La punta de la lengua puede
herir de manera repetida la punta del pezón. En estos casos,
la explicación es que el bebé nació con la
lengua demasiado corta.
La lengua se enrolla hacia arriba. En estos casos, la lengua está
claramente sobre el seno. La succión es imposible y los
pezones de la madre tienen el riesgo de sufrir pues el frenillo
frota el pezón y lo hiere. Como en el caso precedente,
estas posiciones anormales son frecuentemente resultado de la
confusión seno/chupo, pero también se ven bebés
que sufren alergias y utilizan la lengua para rascarse el paladar
que les pica.
Otros problemas. Los bebés trisómicos (Síndrome
de Down) tienen una lengua muy gruesa, con tendencia a la profusión.
Esto entraña problemas de succión y demanda mucha
paciencia de la madre. Algunos bebés nacen raramente con
una parálisis más o menos total de la lengua, a
veces luego de un nacimiento traumático.
EL REFLEJO DE EXTRUSIÓN
Se piensa generalmente que el reflejo de extrusión de la
lengua es un mecanismo de supervivencia, destinado a sacar todo
objeto que se ponga en la boca del bebé, a fin de evitar
su inhalación. Este reflejo se dispara entre 4 y 6 meses,
con la madurez de la motricidad oral, y explica por qué
es tan difícil hacer tragar sólidos a un bebé
pequeño: él rechaza con su lengua los alimentos
introducidos en su boca.
Cuando el bebé sitúa su lengua sobre la mandíbula
inferior para introducir el seno en su boca a fin de amamantarse,
se considera un reflejo de extrusión normal. Este comportamiento
se encuentra en 97% de los recién nacidos; 3% restante
que no presentan este reflejo, tiene problemas de succión.
SACA LA LENGUA
En todos los casos donde la posición de la lengua es incorrecta,
se debe hacer una reeducación del bebé. Es suficiente
hacer presión suavemente sobre el mentón durante
la amamantada. Esto ayuda a la lengua a avanzar sobre la encía.
Al mismo tiempo, se le puede decir al bebe: "saca la lengua,
saca la lengua", felicitándolo cuan-do lo haga. ¡Aún
si él no comprende las palabras, parece que esto ayuda!
Si no es suficiente, se puede hacer una pequeña caminata
sobre la lengua, con un dedo.
En los problemas de posición de la lengua, parece útil
amamantar poniendo al bebé en una posición en que
el mentón prácticamente toque su pecho, lo cual
permite a la lengua retraerse y elongarse. La mamá puede
fajar su bebé de manera que los hombros y la cabeza se
dirijan hacia su pecho. Amamantar al bebé manteniéndolo
sentado o en posición modificada de balón de fútbol,
también puede ayudar.
EL BEBÉ QUE CIERRA SUS ENCÍAS
Este reflejo que el bebé tiene generalmente desde el nacimiento,
y que no debe ser confundido con el reflejo de mordedura tónica
(problema neurológico raro que impide que el bebé
se pueda poner al pecho), lleva al bebé a cerrar las encías
sobre todo objeto que se introduzca en su boca. Esto lastimará
los pezones, los cuales a menudo van a sangrar luego del amamantamiento.
Mientras se espera que este reflejo desaparezca espontáneamente,
se puede distensionar al bebé con masajes, baños
tibios, apoyar sobre el mentón durante el amamantamiento,
etcétera.
Luego de esta revisión en detalle de todo lo que puede
perturbar la succión de los bebés, es necesario
repetir una y otra vez, casi con el riesgo de chocar, que una
buena conducta al amamantar (buena posición del bebé
en el seno, no biberones de complemento y amamantadas realmente
según la necesidad del bebé), suprimirá,
o más bien evitará la aparición de la inmensa
mayoría de los problemas de succión. Falta ayudar
al pequeño número de bebés que nacen con
un impedimento para la succión correcta. Hay técnicas
para ayudar a la mayoría de ellos. ¿Es esto utópico?
Eso podríamos pensar conociendo la situación del
amamantamiento en la mayoría de los países occidentales.
¿Qué pasó con los problemas de succión
en Noruega, donde 99% de los bebés son amamantados?
CREDITO
«Quand les bebes tetent mal», publicado en Allaiter
Aujourd’hui, julio-septiembre 1999. La Leche League France.
Adaptado por María Cristina Sáenz, Bogotá,
Colombia.
Traducción: María Soledad Naranjo