El llanto del bebé manifiesta
una necesidad insatisfecha
Los bebés inspiran infinita ternura
y amor, pero nada más inquietante que su llanto. ¡Se
nos ponen los nervios de punta! Sus quejas nos generan sensación
de impotencia, en especial, cuando nos cuesta tranquilizarlos.
Si los papás atendemos a su llanto, ellos aprenden a confiar
y nosotros a reconocer cada vez más fácilmente la
causa de su lamento.
El llanto es una señal de alerta. El bebé es muy
vulnerable y se estresa con facilidad. Experimenta confusión
al intentar comprender y asimilar el mundo que le rodea; se asusta
y se estimula en exceso. Se siente frustrado cuando no domina
ciertas habilidades o no logra comunicarse. Entonces, llora.
El
bebé en el útero
Durante
la gestación permanece envuelto en una bolsa llena de
líquido amniótico, conectado con la placenta a
través del cordón umbilical, por el que recibe
los nutrientes para su desarrollo. La temperatura del líquido
amniótico es más elevada que su temperatura corporal.
El bebé flota cómodamente. Escucha el sonido del
corazón de su madre, sus ruidos circulatorios, sus ruidos
digestivos.
En el día, cuando la madre está en permanente
actividad y movimiento, el líquido amniótico produce
ondas y olas que masajean y estimulan al bebé; lo mantienen
relajado y dormido. En la noche, cuando la madre descansa, el
líquido amniótico cesa sus movimientos y las ondas
y olas que lo arrullaban se detienen. El bebé se despierta
y se mueve. Por este motivo, el bebé nace con el sueño
cambiado: en las primeras semanas de vida permanece más
tiempo despierto en la noche y duerme más horas en el
día.
Durante la gestación, el ambiente uterino es de completo
confort y placer para el bebé. Sus necesidades están
plenamente satisfechas. No siente hambre, ni frío; está
protegido y acunado durante nueve meses, de día y de
noche.
Vida
extrauterina
Con el parto se rompe el vínculo que mantuvo unidos al
bebé y a la madre por nueve meses. Para el bebé
la vida extrauterina supone gran estrés y angustia. Muchas
veces se siente desamparado.
El camino del parto es la menor distancia que el ser humano
recorre durante el mayor tiempo, en toda su vida: son sólo
10 cms. y puede tardar hasta 24 horas. Al nacer, debe respirar
por sí solo, se interrumpe la conexión que le
proporcionaba nutrientes, se termina su medio acuoso que le
producía relajación y placer, su temperatura corporal
ya no es la misma y sus termorreguladores aún no están
lo suficientemente desarrollados.
Con el llanto expresa que algo le disgusta y que necesita atención.
El adulto, a su vez, experimenta ansiedad, nerviosismo, frustración
e incompetencia, que pueden degenerar en enfado, cólera
y hostilidad. Pero casi siempre cuando al bebé lo levantan,
lo arrullan o lo cargan, desaparece el llanto. Con paciencia,
conocimiento y apoyo, es posible ofrecerle la atención
que requiere para sus necesidades.
Un papá no podrá proteger al bebé de la
vida misma. Crecer, aprender y vivir implican cierto dolor y
tristeza que desembocan en llanto. A los padres les corresponde
identificar cada necesidad para ayudarle a manejar sus sentimientos
y sensaciones.
Actitud
de los padres frente al llanto
La naturaleza dota a los padres con el instinto paterno o materno
que descifra la causa del llanto y encuentra la manera de satisfacerle
cada necesidad.
¡Escuche su corazón de padre! Actúe con
sentido común. Póngase en el lugar del hijo y
pregúntese: “¿Qué desearía
yo que hicieran papá y mamá por mí si estuviera
llorando?” Su respuesta es lo que usted debe hacer aunque
teorías sicológicas modernas indiquen lo contrario.
Somos la única especie del planeta que cuando nace su
cría, la separan del lado de sus padres, impidiendo el
contacto físico, tan vital y decisivo en la primera etapa
del desarrollo de todos los seres vivos. Las necesidades afectivas
insatisfechas, la falta de cariño y amor dejan serias
secuelas en la personalidad del pequeño ser.
Este contacto en las primeras semanas de vida fomenta la independencia
del niño en la edad escolar, pues sus necesidades quedaron
satisfechas en el momento oportuno y de la manera adecuada.
Algunos métodos sugieren no atender al llanto del bebé,
y dejarlo llorar solito durante unos minutos, o incluso hasta
que se canse. Ignoran que la salud emocional del niño
puede resultar alterada cuando se adopta esta conducta.
A medida que el bebé crece, va adquiriendo su rutina
para pasar despierto parte del día y dormir períodos
más largos en la noche. Si ha tenido la necesaria interacción
durante el día le hará falta dormir en la noche,
pero muchas veces no concilia el sueño con facilidad
y se muestra estresado, nervioso o hiperactivo si le faltó
estimulación. Un baño con agua tibia y un masaje
suave en el cuerpo pueden ser de gran ayuda para facilitar su
tránsito al sueño.
Cantarle y mecerle rítmicamente, sostenido en los brazos,
es otra forma de hacerlo sentir seguro y tranquilo y muchas
veces son un método perfecto para calmar su llanto.
Motivos
del llanto
Durante las primeras semanas de vida el bebé llora por
los siguientes motivos:
•
Contacto físico: El principal motivo del llanto en sus
primeras semanas, es la falta de contacto físico con
su madre: él necesita sentirse protegido. Durante los
primeros ocho meses de nacido no identifica que él y
su mamá son dos seres diferentes. Todavía asume
que son un solo ser. Por eso, le hace falta escuchar su corazón,
sentir su olor, percibir sus ruidos corporales.
•
Temperatura: No tiene su termorregulador corporal ajustado y
muchas veces llora por frío o por calor. Los padres deben
buscar la temperatura adecuada. Conviene arroparlo bien, con
mantas ajustadas, como hacían las abuelas. Cuando se
le amamanta, por el contrario, puede sentir calor y sudar. Por
este motivo, se le debe amamantar con poca ropa: en pañal
y una camisa suave, para que no se sofoque y pueda comer bien
antes de quedarse dormido. El cuerpo de la madre le proporciona
el calor para sentirse confortable.
•
Alimento: Al nacer cuenta con una reserva nutricional que lo
mantiene abastecido durante las primeras 72 horas, y el calostro
que recibe del pecho es suficiente alimento. Pero sí
necesita succionar mucho para estimular “la bajada de
la leche madura” y sentir a su madre; esto le tranquiliza.
La leche materna se digiere muy rápido, por eso, es importante
darle cada que él pida (a libre demanda), pues permanece
satisfecho por períodos cortos. No intente imponer horario
a un niño de pecho.
•
Malestar físico: En ocasiones llorará sin consuelo
porque algún dolor lo indispone. El cólico y los
malestares digestivos -como los gases- son frecuentes. Para
sacarle el aire basta caminar con él sosteniéndolo
en posición vertical; o acuéstelo sobre sus rodillas,
sosteniendo su estómago con una mano, mientras la cabeza
descansa sobre el brazo de mamá. Con la otra mano frote
su espaldita suavemente, con movimientos hacia arriba.
•
Cambio de pañal: Le gusta sentirse seco y limpio. Por
eso, llora cuando necesita que le cambien el pañal.
¿Cómo manejar el llanto cuando no hay razón
aparente?
•
Trate de relajarse y sea consciente del amor que siente por
su bebé.
• Cójalo en sus brazos, sosténgalo con serenidad,
mézalo, mírelo atenta y comprensivamente.
• Háblele con dulzura. Dígale: “Te
quiero… Te estoy escuchando… Puedes llorar en mis
brazos… Papá y mamá estamos a tu lado para
cuidarte y quererte”.
• Déjele saber con sus palabras que entiende cómo
se siente y quiere ayudarle a sentirse mejor.
• Analice sus propias emociones. Muchas veces el llanto
del bebé se agudiza cuando percibe que los padres están
estresados y angustiados, y se aumenta su sentimiento de inseguridad
y angustia.
• Con ternura acaricie y masajee el cuerpo de su bebé.
El contacto físico le da seguridad y confianza.
• Siga sosteniéndolo con cariño, para que
se sienta protegido y confiado hasta que deje de llorar de forma
natural.
CRÉDITO
Revista Ser Familia No. 14.
Por Nora López Chalarca,
Experta en Lactancia Materna y Directora de Lactar
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