Las
personas nos enriquecemos cada vez que nos relacionamos
con los demás. La condición humana es social
por naturaleza, el aislamiento detiene el crecimiento,
ayudar a los niños a comunicarse con los otros
es hacer posible una mejor maduración. El encuentro
con otros niños, con otras personas y con otras
situaciones distintas a las familiares ayuda a que el
ritmo de crecimiento no se polarice en el entorno familiar
y así no aumente la timidez y la introversión
en el niño. Ahora bien, en el caso de que el niño
careciera de apoyos interiores en el hogar, podría
incluso quedar muy empobrecido en un período evolutivo
en el que la afectividad y el lenguaje se abren irresistiblemente
hacia el mundo exterior.
El niño aprende
constantemente del entorno en el que vive y se desarrolla.
La entrada en la escuela amplia el entorno social del
niño, aun así la influencia familiar sigue
siendo para una gran mayoría el factor básico
en la determinación de su futura madurez personal.
La vida familiar supone, por un lado, el centro de comunicaciones
afectivas, donde se van conformando las actitudes sociales;
por otro, es también origen de cuadros normativos
de conducta.
Cada tipo de ambiente ayuda
al niño a descubrir los distintos aspectos de la
vida que él asimila inconscientemente. El ambiente
familiar le ofrece seguridad y confianza, el entorno escolar
le descubre otros niños y le desafía en
la conquista de habilidades que le satisfacen, el ambiente
de la calle, le permte también encontrar muchas
experiencias que recoge y poco a poco integra. Existen
otros tipos de ambientes que denominamos artificiales,
basados en la imagen, que ayudan a formar la mente o los
sentimientos. El niño hace de la pequeña
pantalla un mundo real por el que desfilan acontecimientos,
personajes, peligros... . Este ambiente también
aporta al niño una forma de ser y de vivir que
influye decisívamente en su desarrollo intelectual
y moral.
Es importante que los diferenten
ambientes interactuen y que resulten constructivos. Hay
que hacer lo posible para que ninguno de estos ambientes
se oscurezca o se quiebre, los niños tienden a
entregarse a cada ambiente con ingenuidad, con plenitud
y generosidad, el niño no falla al ambiente es
el ambiente el que a veces falla al niño.
Credito
Articulo escrito por Prof. Natalia Pascual