Mamá tengo piojos
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Huéspedes de la cabeza que no respetan raza, sexo, edad, condición social o hábitos de aseo.

Todos recordamos esos días de escuela en que nos rascaba insistentemente la cabeza, señal de alarma para que las madres dijeran: “venga a ver mijo ¿qué será lo que se lo está comiendo?”. Y adivinen qué, eran piojos, esos bichos negros que miden entre medio y tres milímetros, que pican y pican.

Como su contagio es tan fácil, se ha creído que vuelan o saltan, pero basta una juntadita de cabezas, una peinada con el mismo cepillo o el intercambio de hebillas, toallas, almohadas, cachuchas o sombreros para que se trasmitan trepando.

Este bicho que ha torturado generaciones, existe desde antes de la era cristiana y produce unos 300 millones de casos por año en el mundo. Los más infectados son los niños en edad escolar y aun más las niñas, por tener el cabello largo y suelto, por eso se recomienda llevarlo recogido y con trenza.

Los adultos no se salvan del contagio, el piojo se pega y pica a cuanta cabeza se encuentra en el camino sin importarle raza, edad, calidad del aseo o condición social. Algunas personas son más “dulces”, por tener un cuero cabelludo seco, pues el piojo se aferra fácilmente, mientras que si hay mayor grasa se resbala.

Eliana María Acevedo Correa, docente de uno de los prejardines de Comfama, cuenta que las profesoras generalmente son las primeras en hacer la fila en una despiojización y está convencida de que muchos padres no diferencian la liendre de la caspa, lo que los lleva a creer que sus hijos no tienen piojos, otros lo niegan por pura vergüenza, pues se asocia, equivocadamente, con el desaseo.

Ante tanto rasque y rasque, principalmente en la base del cráneo y detrás de las orejas, algunas madres se han inventado estrategias caseras para hacer que los bichos abandonen las dulces cabecitas de sus hijos. Las espulgadas al sol son frecuentes porque con el calor salen más fácil, untar en el cráneo zumo de hojas de maguey, vinagre, mayonesa, cortar el cabello o raparlo. Otras mamás acuden a practicas muy peligrosas para la salud como usar petróleo, gasolina o venenos para otra clase de insectos o animales.

“Afortunadamente hoy existen a bajo costo y sin riesgo de intoxicación, varias posibilidades para acabar la plaga, hay spray, champú y medicamentos vía oral”, dice Juan Carlos Posada, gerente del laboratorio farmacéutico, Disprofar, quien además recomienda seguir las instrucciones que traen los productos del mercado y verificar que esté aprobado por el INVIMA. Además sumergir en agua hirviendo por 10 minutos las prendas y artículos personales, para evitar nuevos contagios, pues el piojo vive 48 horas fuera de la cabeza.
Aunque existen tres variedades de piojos: el de la cabeza, el del cuerpo y el púbico que se transmite sexualmente, el más común es el que vive en el cuero cabelludo, perforándolo hasta chupar la sangre. Este insecto vive 30 días y deja una descendencia aproximada de 300 liendres.

“Los piojos producen inflamación en la piel y anemia en niños desnutridos. El rascado constante puede llevar a infecciones secundarias, por eso los chicos deben mantener las uñas cortadas y limpias. Además es indispensable la desparásitación manual con bálsamo y peine para sacar los parásitos y luego usar un producto para piojos. Y algo muy importante es no aislar al niño, pues el rechazo baja la autoestima”, así lo indicó Flor Marina Londoño Palacio, médica encargada del programa de crecimiento y desarrollo de Comfama. La profesional también recordó que la creencia frente al embellecimiento del cabello por los piojos no es cierta, “esto se da por el masaje obligatorio ante tanta picazón”.