Juegos y juguetes, más que un modo de entretención

“El juego nunca termina de ser el asunto más importante
de toda la niñez” Arnold Gessell
Si alguien nos pidiera evocar algún evento grato de nuestra
niñez, muy probablemente hallaríamos una imagen
en la que nos veríamos jugando. Entonces volveríamos
a vivir esa sensación placentera tal como se produjo en
aquella época.
Ese deleite que conlleva cualquier actividad
lúdica es
en gran medida la causa del adelanto que sistemáticamente
lleva al ser humano a dar pasos agigantados en su desarrollo;
porque el juego no sólo despliega elementos inherentes
a la actividad mental o cognitiva, sino que además, proporciona
bases esenciales para el funcionamiento social y comunicativo.
Desde que nos encontramos en el vientre
de nuestra madre tenemos una especie de predisposición innata para el juego. Damos
algunas respuestas motoras, como pataditas y cabezazos, que son
en realidad la manera como el bebé se acomoda o responde
ante estímulos externos.
Existen evidencias recientes sobre la respuesta
del feto ante ciertos sonidos musicales, que al parecer le
causan placer –una
de las condiciones propias del juego- y se notó también
que el feto movía su cabeza como llevando el ritmo.
Conviene saber también que para jugar,
todos los seres humanos atravesamos por un proceso de experiencia
y aprendizaje en el que avanzamos de acuerdo a la capacidad
para interactuar con otros.
Es así como al principio de nuestra vida desarrollamos
un juego solitario, tomando conciencia de nuestro propio cuerpo
e iniciando a la vez el contacto directo con las personas que
componen nuestra familia: los seres que más nos proporcionan
seguridad y apoyo en todos los aspectos por los cuales debemos
evolucionar: aspecto físico, emocional, mental, comunicacional
y espiritual.
Luego pasamos de jugar solos a compartir
el juego con otros, pero para diferenciar la verdadera intención de juego
deberá existir una real asociación o cooperación
entre quienes juegan, además del respeto por ciertas reglas
según el tipo de juego que se lleve a cabo. Esto se alcanza
efectivamente después de un tiempo de maduración
que toma varios años hasta culminar la etapa escolar.
Brindemos a nuestros niños y niñas, a través
del juego, el mejor medio para crecer con la garantía
de una felicidad plena al compartir con ellos esa dicha de ser
sus compañeros de diversión y con la conciencia
de que no se requieren juguetes sofisticados para desarrollar
múltiples habilidades si aprovechamos su libertad de imaginación
y su natural afán de experimentación. El mejor
de los juguetes es la creatividad.
- Por: Olga Cristina Múnera Restrepo.*Lic. en Educación
Pre -escolar, Coordinadora Programa de Estimulación
Adecuada en El Ágora ( Tel .3 32 17 28) e-mail: carol2001@epm.net.co o elagora@epm.net.co