Vínculo
afectivo madre-hijo
Desde el vientre y en los primeros meses
El
vínculo afectivo madre-hijo se gesta desde el momento
de la fecundación. De la manera como la madre asuma esta
relación dependerá, en gran medida, el adecuado
desarrollo de su hijo.
Los
pueblos orientales, a diferencia de los occidentales, han considerado
que al momento de nacer el ser humano ya cuenta con nueve meses
de vida. Pensar en esta realidad nos mueve a empezar a cubrir
las demandas del bebé desde este estadio de su desarrollo.
En el útero el bebé está inmerso en un
medio acuoso, ingrávido, tibio y de penumbra. Aunque
es un ambiente cerrado, no está aislado de los estímulos
internos y externos:
• El fluido amniótico conduce toda una gama de
sonidos que se originan en el cuerpo de la madre, como: el peristaltismo
intestinal, los ruidos cardiovasculares y respiratorios, los
sonidos guturales, la voz, la risa, el llanto o el canto. Todos
ellos, unidos a los sonidos placentarios, se convierten en verdaderas
cascadas que activan el sistema nervioso del bebé.
• Los movimientos naturales de la madre: caminar, agacharse,
sentarse y acostarse, hacen que el saco amniótico se
meza y rote al tiempo con ella. También la respiración
materna produce ondas suaves en el líquido amniótico,
que estimulan al bebé en el vientre.
• El líquido amniótico está en permanente
producción. Es formado y reabsorbido cada 11 días.
Este intercambio genera un movimiento suave en remolino que
estimula táctilmente al niño. El olor del líquido
despierta su olfato y, cuando lo deglute, su sabor amargo sensibiliza
sus papilas gustativas.
• El bebé succiona el pulgar, lo que favorece el
desarrollo de los reflejos que le permitirán alimentarse
en la etapa extrauterina, produciendo además en él,
una agradable sensación de placer que satisface muchas
de sus necesidades emocionales.
Evolución del lazo
En el momento del nacimiento se rompe el vínculo físico
que los mantuvo unidos durante nueve meses, para dar paso a
otro tipo de relación que los mantendrá juntos
durante la primera infancia: la lactancia.
Los primeros minutos después del nacimiento son decisivos
para garantizar una lactancia exitosa. Los reflejos con que
nace el bebé son tan potentes que el primer contacto
con el mundo exterior los pone de manifiesto. El reflejo de
succión lo conecta con el pecho de la mamá de
una manera inmediata y certera. El reflejo de búsqueda
le provocará, cada vez que se sienta cerca de su madre,
la necesidad de succionar su pecho.
La lactancia garantiza que el vínculo afectivo madre-hijo
se mantenga y crezca, pues sólo la madre puede dar el
pecho al bebé. Aproveche estos momentos de contacto para
acariciarlo, besarlo, mimarlo, hablarle y expresarle el amor
que le tiene. Aquí juega un papel vital la actitud del
padre como coautor de la nueva vida y como facilitador de la
lactancia.
Hasta los ocho meses de vida el bebé identifica a la
madre como parte de su cuerpo y cuando ella desaparece de su
área visual, él se siente desmembrado, porque
es ella la fuente de sus necesidades y satisfacciones y es quien
compensa todas sus carencias.
Los padres son los únicos seres capaces de garantizar
al hijo las bases de una relación creativa con el mundo
y de una adecuada salud mental, física y psíquica.
Son ellos los que marcan la pauta del inicio de las relaciones
sociales. El contacto que comienza con un lazo biológico,
se convierte en la primera relación social del individuo.
Es aquí donde se puede estrechar -o fracturar- el vínculo
entre padres, recién nacido y sociedad.
¿Mitos
o verdades?
Mito:
“Péguelo del pecho cuando le baje la leche. Esto
ocurre tres días después de dar a luz”...
Al contrario, durante la primera media hora de vida debe estimularse
el reflejo de succión, pues el bebé “nace
aprendido” para lactar y lo único que necesita
es activar el reflejo. Si se desperdician esos minutos, se disminuirá
el umbral del reflejo y las hormonas que producen la leche materna
tardarán más en activarse.
Mito:
“No lo cargue cada vez que llore. ¡Lo va a malcriar!”...
El recién nacido necesita contacto físico permamente,
es imposible malcriarlo. Mientras más lo mime, más
seguro se sentirá. Si llora es porque requie-re atención.
Pegarlo al pecho es el remedio “mágico”.
Mito:
“Aliméntelo cada cuatro horas”... Al bebé
no se le puede imponer horario, él marca su ritmo de
alimentación, especialmente si es amamantado. Algunos
bebés necesitan comer más a menudo, otros son
dormilones.
Mito:
“Cuando se rompe el cordón umbilical, se debilita
el lazo mamá-bebé. Ya no hay un contacto físico
con la madre”... Gracias al contacto piel a piel y corazón
a corazón que favorece la lactancia, ese vínculo
se hace cada vez más estrecho. Se sientan las bases para
un óptimo desarrollo emocional, físico y psíquico.
CREDITO
Revista
Ser Familia No. 4.
Por Nora Elena López C.
Líder de la Liga de la Leche Materna Internacional