ESTAMOS EMBARAZADOS
La relación de pareja siempre se verá afectada
cuando voluntaria o involuntariamente se engendra un hijo, comenzando
así un proceso para ambos, de gestación de sueños,
anhelos, miedos, etc, donde tanto el hombre como la mujer demandan
de su pareja comprensión y tolerancia. Cuando esto no
se da, la espera de ese nuevo ser se convierte en angustia y
conflicto, pues aunque el embarazo es de naturaleza biológica
de la mujer, el hombre psicológica y en algunos casos
hasta físicamente también sufre cambios.
Si es el primer hijo(a),
la atención hacia los asuntos
de la pareja se desplaza por todo lo que tenga que ver con ese
nuevo ser que entra a formar parte de sus vidas, las discusiones
usuales sobre los dos dan un giro interesante donde ya se polemiza
sobre la manera en que cada uno quiere educar a su hijo, la decoración
del cuarto del bebé, sobre el incremento que sufrirán
las finanzas de ambos, las responsabilidades que cada uno quiere
que asuma el otro con relación al cuidado de su hijo;
en fin, son un sin número de asuntos nuevos para negociar.
Con relación a la sexualidad de la pareja, ésta
también se ve afectada, puesto que la alteración
hormonal en la mujer, puede incrementar su libido o bajarla,
sus dolencias físicas tanto al principio como al final
del embarazo, hace que rechace muchas veces a su pareja y concentre
su atención en ese ser que la habita. Si el hombre no
comprende esto, se impacienta y se muestra intolerante, puede
desencadenar en su pareja resentimientos que serán muy
difícil de subsanar luego en la convivencia.
Es así como la llegada de un hijo(a) puede fortalecer
o debilitar la relación de pareja; si ambos lo desean,
ese nuevo ser se convierte en un objetivo común siendo
esta la oportunidad para ambos de aprender a negociar y concertar
(lo que es la base de la convivencia), pero si ambos se dejan
llevar por su orgullo y miedo, antes de unirlos, los separará y
el hijo(a) puede convertirse en el escudo para de su desahogo
emocional.
ADRIANA MARIA BERNAL M.
Psicóloga U.S.B.