LA VIOLENCIA Y LA FAMILIA

A través de los años el tema de la violencia en todas sus manifestaciones ha sido una coordenada que ha atravesado y permeado la cotidianidad y la convivencia humana; guerras, muertes, enfrentamientos, conflictos armados, políticos, familiares, entre otros, son situaciones que de uno u otro modo han sido vivenciadas por las familias, incluyendo la población infantil.

Esta situación de violencia general se le presenta a la familia y en especial a los padres como un reto, dirigido tanto a la manera de manejar la angustia que pueden vivenciar los niños, como al mejoramiento de la convivencia familiar, ya que en ocasiones padres e hijos se ven directamente afectados por la violencia y crece la incertidumbre de un futuro que se presenta inseguro y poco claro para ellos.

Con respecto a la angustia que pueden vivenciar los niños, los padres deben ser apoyo fundamental, pues los hechos violentos que afectan nuestra sociedad no pasan desapercibidos para los niños y aunque no lo creamos pueden afectarlos directamente, es importante entonces ser cuidadosos, pues si bien no se trata de ocultarles lo que sucede, si debemos pensar en cómo los pequeños reciben estos mensajes de violencia al observar las noticias, al saberlo por sus amigos o simplemente al escuchar a sus padres y familiares hablar el respecto. Es deber de los padres entonces hablar con claridad a sus hijos pero también tratar de no generarles angustia, tratemos de conservar la calma y sobre todo inculquemos en ellos un gran espíritu de solidaridad y el deseo de querer luchar por un mejor país.


Con respecto al reto de mejorar la convivencia familiar es importante pensar que desafortunadamente en muchas ocasiones al interior de la estructura familiar notamos como se vivencian también situaciones de violencia en las que no necesariamente se involucran armas de fuego, o muertes, pero que de cualquier manera afectan a sus miembros; castigar a los hijos injustamente, no dar respuesta a las preguntas que nos hacen, brindar malos tratos, desautorizar a la pareja cuando da una orden a un hijo, proporcionarle al niño normas contradictorias y poco claras, ser indiferente a las demandas emocionales de los niños o abusar emocionalmente de ellos, aceptar irrespetos entre hijos y padres o entre hermanos, son manifestaciones que convierten a la familia en un ente promotor de violencia, que no sólo afectan la integridad del niño, sino además la oportunidad de aprender. Alejarnos de éstas posibles formas cotidianas en que las familias pueden llegar a ser promotoras de violencia, le permitirán a la familia ejercitarse en la difícil tarea y por ende gran reto de generar en los hogares relaciones menos violentas y de mejor calidad , a pesar de las condiciones de nuestra época.

Comprometiéndonos entonces con este reto es importante en primera instancia que la familia se piense un poco acerca de su relación con la violencia, la forma como están tramitando los conflictos intrafamiliares, todo esto sin tratar de excluir a los niños, ya que estos son receptores activos de los conflictos y encarnan las vivencias, las alegrías y las dificultades al interior del hogar.

¿Negaremos que la violencia en el hombre hace parte de su naturaleza y además de su existencia? O ¿qué es más violento, los actos violentos de la gente mala o la indiferencia de la gente buena? Recordemos entonces que es nuestra familia, es nuestra sociedad, es nuestro país.


Psicólogos
Lina Marcela Zapata Gil - Juan Carlos Villa Díaz

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