LA AUTOESTIMA EN LOS NIÑOS Y NIÑAS
EDAD: 0 A 5 AÑOS
La autoestima se refiere a la forma como una persona se valora a sí misma, se aprecia y confía en sus habilidades y condiciones intelectuales y físicas, a la capacidad para aceptar su cuerpo y sentirse a gusto con su forma de ser y con lo que es como persona.
Los niños hasta los cinco años, aprenden y desarrollan las bases de su autoestima, la forma como sus padres los tratan, las expresiones que utilizan cuando se refieren a él o ella, la capacidad para valorar sus esfuerzos y logros, determinan en gran parte la forma como el niño o niña se va a tratar a si mismo, va a pensar y expresarse de si mismo, va a valorar sus capacidades y habilidades, va a cuidar de si mismo y a respetarse como persona.
Los padres pueden ayudar a que su hijo o hija tenga una buena autoestima, enseñándole a conocerse y valorar positivamente sus cualidades y a crecer sintiéndose seguro y orgullosos de si mismo.
Un niño o niña que es rechazado o rechazada, se siente un estorbo; cuando sus opiniones no son tenidas en cuenta, no se le valora y no aprende a valerse por si mismo, difícilmente tendrá razones para aceptarse como es y apreciarse lo suficiente.
Los padres contribuyen positivamente en la autoestima del niño o niña cuando su trato es amable, muestran interés en lo que dice, lo miran a los ojos cuando habla, contestan sus preguntas, lo felicitan por sus logros, lo abrazan y le dicen que lo aman, satisfacen sus necesidades básicas de amor, alimentación, salud, abrigo, techo y protección, cuando con sus actos y sus palabras le demuestran que es un ser importante y ocupa un lugar muy significativo en sus vidas.
El niño debe aprender a fijarse en si mismo, a descubrirse, a gozar con sus triunfos, aprender a caminar por ejemplo, se constituye en una gran experiencia que el niño logra parándose y cayéndose una y otra vez, al avanzar con su marcha al principio lenta e insegura pero después muy firme, parece conquistar el mundo que tiene a su alrededor, atrae las miradas, recibe aplausos, es animado a levantarse una y otra vez cuando vuelve a caer, desarrolla confianza, independencia y seguridad en si mismo hasta que logra correr, hasta que aprende a volar, volar con su imaginación, volar con sus sueños, volar con sus propias alas, las que surgen de una buena autoestima, de una buena dosis de amor propio, confianza y seguridad en si mismo y en sus capacidades, las que le permiten sentirse importante, estar motivado para luchar por sus sueños y metas, las que lo mantienen en marcha a pesar de las caídas, las dificultades, las adversidades, porque de niño aprendió que caer para levantarse no es caer, que cuando uno se propone y persevera logra lo que desea, que detrás de cada logro hay mucha satisfacción y un camino preparado para seguir avanzando en la construcción de su proyecto de vida...pero todo esto, solo es posible lograrlo con una muy buena autoestima.
Una de las grandes responsabilidades de los padres con sus hijos es acompañarlos en la construcción de la autoestima como herramienta que impulsa y anima a vivir no de cualquier manera, sino conquistando el mundo, siendo el actor principal de la propia vida.
Una adecuada dosis de autoestima no es tan elevada que genere arrogancia, sentimientos de superioridad extrema y de subvaloración de los otros, ni tan baja que genere sentimientos de inferioridad y sumisión ante los demás por temor al rechazo.
Es necesario lograr un punto de equilibrio que le permita al niño o niña, tener la capacidad de reconocer los errores para poder corregirlos y apreciar sus cualidades para cultivarlas.
Los hijos necesitan saber que cometen errores y pueden corregirlos, que tienen dificultades en ciertos campos de su personalidad y su conducta, las cuales poco a poco irán venciendo si se empeñan en ello; que tal vez tengan menos facilidades intelectuales o socioeconómicas que otros y tendrán que luchar más, dedicar más tiempo a sus tareas a sus esfuerzos, pero lo importante es asumirse como un ser único e independiente y aprovechar las dificultades para convertirlas en oportunidades de crecimiento personal, todo esto se logra con una buena dosis de autoestima, así el niño o niña emprenderá las acciones y los cambios necesarios para superar su defectos y consolidar su escala de valores.
Los padres pueden cultivar la autoestima en sus hijos tratándolos con respeto, sin ridiculizarlo ni avergonzarlo, sin castigarlo delante de personas extrañas, escuchándolo con interés, mirándolo a los ojos, compartiendo sus sueños, sus poemas, sus ilusiones, animándolo, expresándole su amor y admiración, corrigiéndolo con serenidad, enseñándole como hacer las cosas que le resultan difíciles, admirándolo y agradeciéndole cuando le brinda un regalo de amor y de superación personal, enséñele a respetarse, a que no se autoculpe ni desvalorice por pequeños fracasos, cumpla su palabra esto le ayuda a su hijo o hija a confiar en usted, respete sus gustos, sus juegos y su espacio, comparta con sus hijos todo el tiempo que pueda y con buena calidad no únicamente para controlar cada momento de su vida, sea creativo, juegue, cante, dialogue con ellos, pregúnteles como les fue hoy, como pasaron el día, pídales su opinión sobre la ropa que desearían usar, el sabor de helado que prefieren, lo que piensan de la película o el cuento, sobre la forma que podrían solucionar una dificultad, hágalos sentirse parte importante de la familia, invítelos a participar en la formulación de las normas y de las sanciones, inscríbalo en una actividad o deporte que su hijo o hija elijan, permítale relacionarse con otros niños de su edad, anímelo a ponerse metas, a buscar lo que quiere y asegúrese de que comprenda que fallar no es lo mismo que fracasar, que el único fracaso es no emprender la marcha hacia nuevos caminos que le permitan correr y volar.
En última instancia los padres deben hacerle saber a sus hijos que son, en esencia, personas de gran valor aunque a veces no se comporten correctamente, es así como pueden construir su autoestima, corregir sus errores y cultivar sus cualidades.
CREDITO
COMFAMA
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